martes, 7 de septiembre de 2010

EL FENOMENO SUSANA


Por Nelson Manrique

Más allá de la elección para la alcaldía de Lima, la candidatura de Susana Villarán ha tenido el gran mérito de redefinir el panorama electoral nacional. Aun si no ganara esta elección –démosle por un momento esa ilusión a la derecha asustada– el salto desde la votación obtenida por las listas de izquierda en las elecciones generales del 2006 –que en ningún caso sobrepasó el 0.6%– al 20% que le otorgan a Villarán las encuestas a un mes de las elecciones es un fenómeno político de primera magnitud. ¿Qué ha cambiado? Sin retacear los méritos de Susana, esta elección se da en un contexto muy especial:

1) La suya es una candidatura de izquierda única, lo que le permite concentrar la votación de todo el espectro político progresista.

Cuando la izquierda va dividida pierde, mientras que cuando se presenta unida alcanza una significativa votación. Sucedió en 1980, cuando para las elecciones generales se rompió la Alianza Revolucionaria de Izquierda (ARI), y las cinco listas en que se dividió ese frente cosecharon una previsible debacle. La rectificación, de la que nació Izquierda Unida, permitió a IU alcanzar la alcaldía de Lima con Alfonso Barrantes Lingán en 1983, ganar un 25% de los votos del país en las elecciones presidenciales de 1985 y mantenerse como la segunda fuerza política a lo largo de la década. Luego, la división de IU en 1990 y la incapacidad de la izquierda para formar un frente unido llevó a la virtual pulverización de ese espacio político, lo que culminó con el desastre electoral del 2006.

2) La candidatura de Susana ha ganado su espacio político en medio de un violento proceso de polarización, al que ha contribuido decisivamente la prensa troglodita de la derecha. Esto le permitió destacarse del numeroso grupo de pequeños candidatos del cual inicialmente formaba parte.

3) La polarización, por otra parte, solucionó las divisiones dentro de una izquierda que durante dos décadas no pudo presentar una candidatura única. Los malentendidos y desconfianzas que durante todo este tiempo imposibilitaron ponerse de acuerdo quedaron minimizados ante una ofensiva derechista de la deplorable calidad que ha exhibido estos días la prensa fujimorista.

4) La prensa cavernaria le prestó otro invalorable servicio a Susana al hacer conocida su candidatura. Inicialmente pocos electores la conocían y aparentemente este era un problema insoluble, debido a la falta de recursos y al poco tiempo que quedaba. Eso cambió gracias a los ataques de la prensa basura, y en primer lugar a los de su campeón, Aldo M., que se encargó de convertirla en una figura mediática de primer orden. Para la derecha, el daño está hecho: al polarizarse la votación entre dos candidatas, ya no hay manera de invisibilizarla.

5) La campaña de la prensa fujimorista ha sacado ya la elección de la dimensión vecinal y viene convirtiéndola en un referéndum de alineamientos derecha-izquierda que puede depararle una muy desagradable sorpresa. Esta derecha se ha sentido la dueña del mundo gracias al ambiente propicio en que se ha desenvuelto durante estos años bajo el paraguas de la alianza de Alan García con el fujimontesinismo (atención con los DL que acaba de sacar García el 1º de setiembre, que buscan otorgar impunidad a los integrantes del grupo Colina y otros violadores de los DDHH). Esta será una oportunidad para ver qué capacidad tienen realmente de manipular a los electores movilizando los miedos más primarios.

6) Los medios fujimoristas han optado ahora por profundizar su campaña inmunda en contra de Susana Villarán, pero esta es un arma de doble filo: con semejante brulote están poniendo en juego toda su credibilidad y un daño a este nivel puede ser irreparable, como lo sabe Cecilia Valenzuela, luego de que liquidó el capital de credibilidad que tenía cuando decidió utilizar el programa de TV que Baruch Ivcher le entregó –luego de despedir a César Hildebrandt– para desplegar campañas de este tipo.
Es de esperar que la derecha de las cavernas siga prestando sus valiosos servicios durante las semanas que quedan.

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